CONSTRUIMOS SALUD
A través
de la geobiología sabemos que no todos los lugares
son iguales y que no todos afectan de igual manera a los
seres vivos. Sabemos que nuestro planeta, La Tierra, es
un ser vivo en permanente evolución y que a través
de sus reinos evoluciona a formas de vida cada vez más
sensibles y más conscientes de su existencia. Sabemos
que debajo de nuestros pies La Tierra se mueve, está
en ebullición, se producen las derivas de los continentes
que no se encuentran anclados sobre terrenos estables sino
más bien sobre un magma en permanente movimiento.
Al comprender esta realidad, donde todo es movimiento y
vida, podemos tratar de cambiar la visión estática
que a veces limita nuestras relaciones.
Las líneas del campo geomagnético
terrestre, que la geobiología define, no son muros
fijos sino más bien una trama magnética que
se contrae y se expande según el momento. Estas líneas
ordenan este campo geomagnético y no permanecen impasibles
a nuestra intervención. Las redes eléctricas,
las masas metálicas, las fallas geológicas,
las corrientes de agua subterránea por ejemplo contraen
este espacio geomagnético, mientras que los árboles,
ciertos edificios sagrados, en incluso hombres capaces de
reconocer su relación con él pueden dilatarlo.
No por casualidad el hombre siempre buscó ciertos
lugares, donde el planeta se expresa en plenitud, y construyo
allí sus “catedrales” en las cuales buscó
su relación con la Unidad.
La ordenación del espacio, como
en todo proyecto arquitectónico, se realiza reconociendo
los gustos, las actividades, y las necesidades de los individuos
que van a hacer su vida en él. La luz, la orientación,
las horas del día en las que desarrollamos las distintas
actividades, etc., son tenidas en cuenta a fin de optimizar
el uso de los espacios y los recursos.
Se seleccionan los materiales de construcción
teniendo en cuenta el impacto de su ciclo de vida y sus
cualidades bióticas, reduciendo el coste medioambiental
global y creando un ambiente interior cercano a la naturaleza
humana.
Se desestiman el uso de aquellos materiales
que por su composición o por su industrialización
producen un exceso de emisiones tóxicas poniendo
en juego la calidad del ambiente interior.
La luz natural y el color juegan un
papel protagonista, no solo por la aportación energética
o el buen gusto sino por su relación directa con
la salud y los estados de ánimo.
Se reduce el exceso de interferencias
electromagnéticas debidas a las instalaciones, e
incluso, en el caso de las áreas de descanso, estas
son eliminadas en su totalidad a fin de favorecer los procesos
naturales de regeneración durante el periodo del
sueño.
Una orientación adecuada favorece un ahorro energético
inmediato y de bajo coste. Estrategias sencillas que aprovechan
la inercia térmica de los elementos estructurales,
calentados por el sol o refrescados por la ventilación
cruzada, consiguen regular la temperatura interior y reducir
de forma considerable la aportación externa de calor
o de frío. Este ahorro es a la vez ecológico
y económico, permitiendo que la amortización
de la inversión inicial quede rentabilizada en un
periodo menor por el ahorro en combustible.
El uso de energías limpias o
alternativas como la solar, la eólica y combustibles
de bajo impacto como la biomasa colaboran con la reducción
en el consumo de combustibles fósiles, que además
de conllevar un grave coste ecológico y medioambiental
son fuente de grandes conflictos y sufrimientos en los lugares
de extracción.
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